lunes 23 de noviembre de 2009
Chavez air guitar!!!
Los tipos son unos genios, y si lo dudan, tripéense el video en cuestión.
EL resto de videos de estos panas los pueden ver aquí.
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viernes 13 de noviembre de 2009
Coco antes de Channel
En el mundo de los biopics abundan los arquetipos. Siempre se adaptan las historias de personajes que representen a su vez algún valor particular. Sobre eso, ya hablé por aquí hace algún tiempo. Era obvio que el feminismo, no podía quedar atrás en la lista de tema a ser tratados en biopics.
De las biografías recientemente adaptadas al cine, Fur: an imaginary portrait of Diane Arbus (2006), era la única que trataba el tema, al presentar la historia de la oscura fotógrafa neoyorkina Diane Arbus, y su emancipación como mujer, la cual ocurría luego de su encuentro con un extraño, peludo y sensible hombre que le enseñaba a ver la vida desde otra perspectiva. Esta visión, que para los ojos agudos de alguna feminista podría ser considerada machista, se repite en Coco antes de Chanel (2009) de Anne Fontaine.
Luego de atravesar una infancia en la que es abandonada por su padre en el orfanato de Aubazine, junto a su hermana Adrienne (Marie Gillain), Gabrielle Bonheur (Audrey Tatou) se dedica a trabajar como cantante de cabaret en bares de soldados borrachos, precisamente de una de las canciones que interpreta surgirá su apodó “Coco”. Una de esas noches, conocerá a Étienne Balzán (Benoît Poelvoorde), un viejo verde, del cual se convierte en su cortesana. En la mansión de éste, conocerá a Arthur “Boy” Capel (Alessandro Nivola), un apuesto carbonero inglés del que se enamorará, aunque él esté comprometido a casarse por compromiso con la hija de un Lord inglés.
Todas las biopics siguen la misma estructura: inicios duros, ascenso, gloria, caída, resurgimiento. Ésta no. Y ese puede ser su primer mérito. Lejos de narrarnos la clásica historia de estas películas, Fontaine, nos muestra un personaje enormemente pragmático: Coco sabe que no puede surgir sola en el mundo y por eso ni lo intenta, se lía con Étienne, le da sexo aunque no quiera, a sabiendas de que es la única forma de sobrevivir. Lo mismo ocurre con el personaje de “Boy” Capel, del que está enamorada y sin embargo, en la mejor escena de la película, le dice “Siempre supe que nunca me casaría, ni siquiera contigo”, y a pesar de esto, lo utiliza para conseguir los medios económicos que le permitan darle rienda suelta a su pasión recién descubierta: el diseño.
Un acierto es no haber convertido a los personajes masculinos en estereotipos machistas: Étienne es un monstruo de su tiempo, es machista porque no puede evitar serlo, pero al final, es el único personaje que parece tenerle afecto real a Coco. “Boy” Capel, tampoco tiene opciones, él debe casarse porque es lo que se espera de él, como le dice a la protagonista en algún momento: “No lamento tener la vida que he tenido, porque de no haber vivido como lo he hecho, nunca hubiera podido leer uno solo de los libros que he leído, pero claro, si mi vida hubiera sido distinta, entonces yo podría simpatizarte más”. En contraparte, los personajes femeninos están, igualmente, atrapados en lo que se espera de ellas: la hermana de Coco, enamorada de un Barón Inglés que la mantiene oculta porque se avergüenza de ella, espera pacientemente a que se den las circunstancias necesarias para poder casarse con su pareja, aunque en el fondo sabe, que eso no va a ocurrir. Emilienne d'Alençon (Emmanuelle Devos), una amable actriz de teatro que le da a Coco su primer trabajo como diseñadora de sombreros, le recomienda siempre a Coco aceptar su destino, incluso le dice “afortunada” por tener un hombre que la proteja. La rebeldía de Coco, entonces, estará en moverse sigilosamente entre los mecanismos opresivos de su tiempo para cumplir sus metas. Esto, podrá ser considerado excesivamente machista por algunos, ya que Coco realmente nunca se rebela ante nada, sólo hace lo que puede y así va trazando su camino. A mí me ha gustado mucho que Fontaine rehuya de cualquier discurso exacerbado; es decir, a mí me parece más razonable que Chanel haya surgido así, a que un día se haya parado en medio de la calle a decir: estoy cansada de vivir en un mundo dominado por los hombres. Es más real la perspectiva de la película.
Formalmente, es un film impecable. La ajustada dirección artística de Oliver Radot, con una excelente decoración de interiores. La buena fotografía de Christophe Beaucarne. El imponente trabajo de vestuario de Catherine Leterrier (desde ya, candidata firme a los próximos Oscars), y finalmente la música de Alexandre Desplat.
Anne Fontaine, hace un apropiado uso de la cámara en mano, la cinta no aburre a pesar de ser una película de época, entre otras cosas, por el buen manejo de la cámara, casi nunca estática.
Audrey Tatou, tiene la bendición/maldición de haber protagonizado Amelie (2001), una película demasiado icónica, y hasta ahora me resultaba imposible no relacionarla con el papel que le lanzó a la fama. Afortunadamente, en esta película su interpretación es excelente, con decir que le da tres palos al señor Nivola, que luce extremadamente acartonado e hierático. Por momentos la cinta la pertenece a Benoît Poelvoorde, quien tiene el personaje más difícil por lo repetido y obvio, pero Poelvoorde le da a su rol algo de humanidad y lo desencasilla.
Ahora que la releo, me doy cuenta de que esta crítica es un tanto complaciente, pero bueno, lo lamento, a mi me ha gustado muchísimo.
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miércoles 11 de noviembre de 2009
Cosas que nunca veremos en Venezuela
® Imagen tomada del cómic Ghost World, original de Daniel Clowes.
Levantamiento del control del cambio.
Un referéndum revocatorio en que el funcionario sea revocado.
Un juicio serio por corrupción.
Una temporada de béisbol sin la ladilla de caraquistas y magallaneros.
Un mes sin cadenas.
Una rueda de prensa de la oposición en la que el vocero sepa leer, no gaguée, y no diga cosas como “hubieron”, o “rrrrréééééégimen”.
Un día sin que Martha Colomina cacaree en la radio.
Un día sin que en Buenas Noches Carla diga una estupidez y Kiko deje de comportarse como mongólico.
Un día sin que nos enteremos que a un pana lo asaltaron/secuestraron.
Una mañana sin colas.
Una tarde sin colas.
Un día sin que el gobierno nos amenace con x cosa.
Un mes sin que descubran un “nuevo” intento de magnicidio.
Un día sin escuchar en la radio una canción que diga “amol”, “seisi”, “beibi”.
Un día sin ver una montaña de basura en las calles de San Antonio.
Un día sin ver a un tipo orinandose en la calle.
Un evento de “cultura urbana” que no sea mamarracho y decepcionante.
Un concierto de Aerosmith.
Un cómic venezolano, arrechísimo.
Una película venezolana sorprendente y vanguardista.
Un día en que yo no la cague.
Un mes sin Sábado Sensacional.
Un año sin Miss Venezuela.
Un poco de coherencia en los Twits de Juanes y Calle 13.
Un día sin noticias de Dudamel.
Un día sin escuchar/leer algo de Paris Hilton.
Un día sin que me de vergüenza la cantidades de idioteces que escribo en este blog de mierda.
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viernes 6 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
This is It
Quería decirle a todo el mundo:
‘La historia de The Rolling Stones está ahí mismo,
en el escenario, en sus caras,
en la manera en que Mick se mueve,
en la manera en que Keith empuña a guitarra,
en la manera en que Charlie Watts toca la batería,
en el trabajo de Ronnie Wood.
Así que, ¿por qué no los vemos actuar en el escenario?
Tal vez quedemos atrapados en esa primitiva euforia”
Martín Scorsese, explicando,
en una entrevista para la revista
Rolling Stone Latinoamérica (Nº51),
por qué en su documental Shine a Light (2008),
sólo hay música y material de archivo,
y no entrevistas hechas por él.

Michael Jackson y una de sus coristas ensayan I Just Can’t Stop Loving You, los bailarines que en ese momento descansan hacen de público, Michael no hace mayores alardes vocales, pero al rato, al escuchar de fondo como los bailarines disfrutan de la canción, Michael se emociona, empieza a subir el tono y casi al final se arrepiente, la cámara lo capta avergonzado, él se disculpa y justifica aduciendo que debe guardar su voz, que debe cuidar su garganta, el cuadro lentamente funde a negro. Es de las secuencias más poderosas del film.
This is It goza de una gran sobriedad, es una cinta que bien pudo convertirse en un aburrido epitafio a la carrera de un icono que, como todo icono que se respete, se convertirá en leyenda exagerada de la que pronto no se podrán desdibujar cuales son las historias reales que lo constituyen y cuales son exageraciones, tanto positivas como negativas.
Afortunadamente, Kenny Ortega, al prescindir de cualquier recurso manipulador y de los enjuiciamientos morales, tanto inculpatorios como expiatorios, nos entrega una película honesta y poderosa.
Habrá quien le reproche la ausencia de material ‘controversial’, habrá quien la acuse de ‘edulcorada’, y no faltará quien la vea como una mera operación mercadotécnica. Las primeras dos críticas no las entiendo, no sé que puede ser controversial en torno a un hombre cuya vida fue un escándalo permanente, tampoco entiendo como algunos esperan ver un amarillista retrato, similar a los que se transmitieron durante años en E Entertainment, en los que ya se dijo todo lo que se podía decir (maltrato de su papá, supuesta pedofilia, cámaras hiperbálicas, cirugías plásticas, tratamientos para aclararse la piel, etc). Menos se puede acusar a éste ponderado filme de ser edulcorado, al contrario, un tanto cercano al ejercicio que ejecutara James Marsh en Man on Wire (2008), cuando evadía los atentados del 11 de septiembre de 2001, aquí la muerte de Jackson no se menciona, sólo se deja traslucir con sutileza, evitando así cualquier sentimentalismo innecesario. En lo que sí coincido es en que obviamente se trata de una operación financiera redonda, la cinta tuvo una recaudación insólita para ser un documental, dejando al gordito ex-bolivariano de Michael Moore como un tonto con sus, hasta ahora, imbatibles records de recaudación en el género de no-ficción. This is It está a poco de convertirse, en sólo una semana, en el documental más taquillero de todos los tiempos. Esto, por cierto, no se debe exclusivamente al interés que despierta la figura del recién desaparecido Rey del Pop, sino a la trampa publicitaria de afirmar que la película sólo estará dos semanas en cartelera.
Más allá de esa consideración, que no puede obviarse, la cinta de Ortega merece ser vista, por su enorme poder de decir mucho con muy pocas palabras. En las casi dos horas de metraje no existen voces en off que nos digan nada, siendo un documental, tampoco abundan las entrevistas a cámara, éstas sólo aparecen por poco tiempo y no pretenden aportar gran cosa, sólo contextualizar algunas momentos, y en breves ocasiones, agregar algo de sentimiento a una película cuyo 90 % de metraje lo constituyen los ensayos del cantante y su equipo en preparación de los conciertos This is It, que se supone serían los últimos que Jackson ofrecería. No hay más nada, y no se extraña ni se añora, todo lo que hay que decir está allí, sin palabras, para que el público lo entienda y lo asimile a su manera.
Un detalle, las cámaras que graban los ensayos, casi siempre, están abajo del escenario, cómo si un fan se hubiese colado en el recinto a grabar lo que ocurría. Esto le confiere a la película un tono intimista; hay escenas desenfocadas (especialmente cuando ensayan The Way You Make Me Feel), y otras en las que el teleobjetivo de la cámara se mueve desprolijamente, y eso, en vez de ser negativo, termina por darle a la película un tono personal, un carácter que yo no esperaba porque honestamente pensé que This is It sería una mierda sentimentaloide, como la saga de grotescos homenajes que le rindieron a Jackson después de muerto, como el que le hicieron en los Mtv Video Music Awards.
Cuando se trata de la música, Michael Jackson puede tomar el control de la situación perfectamente: corrige irritantemente a su tecladista para que le dé el tempo que desea en The Way You Make Me Feel, “hay que dejarlo cocer”, le dice, y el tecladista no puede ocultar la incomodidad. Lo mismo pasa cuando interactúa con los guitarristas en Black or White, convirtiéndose en el número más poderoso, musicalmente hablando, de toda la película. O cuando, luego de resolver algunos inconvenientes con su ear monitor, ejecuta un set de canciones de Los Jackson 5. El Michael músico es incuestionable, y por eso, los músicos y bailarines le tratan con reverencia, a algunos les cuesta creer que están trabajando con Jackson, quien luce enorme, vital e imponente cuando está interpretando su papel de ídolo pop.
Pero cuando se trata de lo personal, Jackson luce muy mal. Casi ni se toca con el crew que está reunido, todos tomados de las manos, haciendo una suerte de oración, y en vez de decirles algo hermoso, les suelta un discurso políticamente correcto sobre el ‘mensaje’ que están llevándole al mundo. Jackson casi no sonríe, le cuesta ser natural, y no es soberbia sino una indescriptible timidez la que lo domina en todos los espacios. Sólo en algunos momentos, destellos realmente, se le nota natural, por ejemplo cuando sube al escenario-plataforma que lo eleva por los aires en Earth Song, o cuando termina el memorable ensayo de Billy Jean. De resto, es ver a un tipo tímido pero exigente, humildísimo pero al mismo tiempo incapaz de integrarse completamente con su equipo al cual siempre trata con distancia rara, pero no la distancia de la soberbia de un tipo inalcanzable, sino por el contrario, la distancia de un pana al que se le dibuja en el rostro una obvia incapacidad para relacionarse con los demás.
Gabriel Wrye realiza un trabajo de edición encomiable, aunque para algunos será efectista. En Smooth Criminal las imágenes del ensayo se mezclan con las de un cortometraje en que Jackson se mimetiza con el pietaje del clásico Gilda (1946), interactuando con Rita Hayworth y con Humphrey Bogart. Algo similar ocurre en Thriller, cuando a las tomas de los monigotes que vuelan por el escenario y alrededor de él, se sobreimponen las tomas de otro corto que pretendía renovar el concepto original del videoclip con imágenes creadas tridimensionalmente y con los ensayos de la clásica coreografía. Adicionalmente, este editor usa un recurso sencillo pero efectivo: a cada tema, sigue un fundido a negro; es el único momento en que la muerte del cantante se hace presente, en ese apagar de la pantalla que termina resultando más contundente y dramático que cualquier plañidera narración en off.
No tengo más nada que decir. This is It es mucho más de lo uno espera, y aunque obviamente no llega a ser tan demoledor como Living With Michael Jackson (2003) de Julie Shaw y Martin Bashir, ni tan increíble como Cocksucker Blues brutal película sobre los Rolling Stones hecha por Robert Frank, que aunque se mantiene inédita, circula en copias de baja calidad desde hace mucho, y si tienen paciencia lo consiguen para descargar por ahí, merece verse.



